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A la Vaquera

Medias vueltas y vueltas sobre las piernas con Joaquín Olivera

Medias vueltas y vueltas sobre las piernas con Joaquín Olivera

"Comenzar la enseñanza de estos ejercicios sin la colocación, reunión y equilibrio necesarios, sería un error muy grande"

lunes 04 de febrero de 2019, 11:38h
De la doma del caballo de vaquera, hay ejercicios que desprenden toda una lección de la equitación verdadera. La capacidad que tienen nuestros caballos de volverse y revolverse en el menor sitio posible, demuestran no solo la sumisión, también la atención a su jinete y la entrega para cargar peso sobre los posteriores con todo lo que eso conlleva, y hace que estos ejercicios sean tratados como de “superiores”, dentro de las grandes virtudes que tiene nuestra doma y de las que podemos sentirnos orgullosos. Leer más…

Un antiguo director de la Escuela Española de Equitación de Viena decía: “la equitación de campo es montar al caballo reunido en todos sus movimientos, volverse y hacer vueltas en perfecto equilibrio. Hace falta para esto obtener del caballo la elasticidad de sus costados, del cuello y la sujeción de la cabeza, exigiéndole la colocación correspondiente a su constitución”.

Es tan bonita la doma de campo bien hecha, que yo siempre digo que es la mejor de todas las que tienen relación con el campo y la ganadería. Nuestra Doma Vaquera debe estar basada en los conceptos de la equitación clásica. La reunión y el equilibrio perfecto, como dice Von Holbein, nos distinguen de las demás, nos hacen única en el mundo.

Pero estos giros repentinos con absoluta armonía no son producto de la casualidad. Se necesita de un método de trabajo tan complejo como la doma en sí, con unas pautas de enseñanza, sin precipitaciones y mucho menos sin trucos. La doma de un caballo no tiene que tener escondite, el jinete debe reflexionar en los momentos más confusos. Leer y preguntar a otros jinetes expertos que le puedan abrir el camino a las soluciones.

Ampliar los conocimientos en equitación siempre será bien remunerado. En cambio, estancarse en aquello de que… esto siempre ha sido así no acarrea más que encontronazos con nuestro caballo, que en la mayoría de los casos no reporta más que desconfianza y resistencia en poco tiempo.

La enseñanza

Comenzar la enseñanza de estos ejercicios sin la colocación, reunión y equilibrio necesarios, sería un error muy grande. Los recursos antiguos, como la vara en la espalda contraria o la insistente grupa adentro con el caballo sobre las espaldas, tienen resultados limitados y además contradictorios. El primero incita al caballo al tornillazo, los pies que no están cargando todavía y el caballo que por miedo se desplaza sin control haciendo un cuartito de media vuelta, no más. Estos ejercicios están basados en “el caballo en las piernas” como lo indica su nombre. El de grupa adentro hace que los pies del caballo se desplacen demasiado hacia el interior del círculo, costumbre que fácilmente adoptan los jinetes y no pudiendo nunca cerrar una vuelta con el pie interno en el sitio con el galope derecho y firme que es el final que se pretende.

Las directrices de estos ejercicios quieren transmitir que el caballo debe echarse sobre las piernas y girar de 180º para la media y 360º para la entera. Todo esto que surge como de la nada en un caballo domado es digno de estudio.

Todo giro de esta envergadura debe ir precedido de una retención. La puesta en mano debe ser impecable. Decíamos en artículos anteriores que esta es la relajación de la mandíbula con la cabeza en posición de recoger. Esto implica que el cuello se recoge y con la nuca flexible traslada el peso atrás. A la vez, el caballo frenado en su inercia y abrigado por las piernas del jinete se “remete” bajando la grupa, y que acompañado ligeramente con el peso del jinete en la retención, coloca todo su equilibrio sobre el tren posterior. Solo queda que obedezca a la pierna y rienda externa como exigen los mandos y ayuda de la equitación a la jineta.

En Doma Clásica que se monta con dos manos, y la cadencia en el galope más pausada, el jinete puede con más comodidad introducir al caballo en la pirueta o en la media. Con la rienda interior que predomina, indica la dirección y mete al caballo en el ejercicio. El pie interior que sin dejar de galopar es el eje del ejercicio y la rienda exterior que sostiene el movimiento controlando la velocidad y número de trancos dentro de la pirueta o media pirueta. La pierna interior que mantiene el impulso sobre la cincha y la exterior que ordena el desplazamiento.

Todo esto está bien para el caballo de vaquera mientras está en su enseñanza, cuando montamos con las dos manos, hacer que el caballo comprenda y tener el control del ejercicio. La ejecución de estos dos ejercicios con una sola mano exige unas ayudas diferentes aunque próximas, la interpretación del ejercicio es distinta, su finalidad también, y por todo esto lo que en clásica es pirueta en Doma Vaquera son vueltas sobre las piernas.
Esto que nos diferencia de la Doma Clásica ha sido motivo de discusión en otro tiempo. Hoy se tiene bien claro. El caballo de vaquera se vuelve con prontitud, no están tan definidos sus trancos como en la pirueta. Al paso se denominan piruetas inversas y directas precisamente porque el movimiento de paso no se interrumpe en ningún momento. Al galope la cosa cambia, el caballo da trancos amplios con las espaldas, estando los pies debajo de la masa sin una sucesión de batidas determinadas.

Joaquín Olivera con Mississipi en salida de una media vuelta al galope. Obsérvese la impulsión y amplitud

El caballo resuelve el giro, en un solo tranco la media vuelta y en tres o cuatro la completa. El ritmo del movimiento es despierto, por lo tanto los pies difícilmente acompañarán el ritmo de galope.

El pie interno que debajo cargando se moverá muy poco, será el toque de distinción de nuestra doma. Esto no quiere decir que el pie se paralice y el caballo aprenda a galopar con el pie exterior exclusivamente. Esto hará que la grupa se escape fácilmente. El pie interno estará siempre colocado delante del externo y en las vueltas completas el caballo resolverá con destreza, moviéndolo lo suficiente para tener siempre el galope asegurado, aunque interrumpido con el pie interno que se frena en ocasiones. Esta es nuestra vuelta de campo, vueltas sobre las piernas, que nada tienen que ver con la pirueta de trancos regulares y ritmo pausado, incurvación acentuada y demás características de la pirueta clásica.

La media vuelta

Para la enseñanza de la media vuelta al galope, recurrir al trote (como lo aconsejé en la media vuelta al paso) es un método muy provechoso. El caballo que en este movimiento se deja dominar más fácilmente, ofrece a su jinete más ventajas que inconvenientes. Estará más controlada la rectitud que en el galope. También tendrá el caballo la mente más tranquila para las necesarias repeticiones. Igualmente, el caballo situará los pies debajo de su esqueleto, con más comodidad y aunque se disminuya el impulso, este será suficiente en el caballo joven. La salida de la media vuelta, siempre será al galope, a la mano del giro.

El jinete debe tener claro un matiz muy importante: mientras no sienta los pies deslizarse con flexibilidad debajo, en la retención no deberá pensar en el giro, esto es muy importante. Yo lo llamo “una parada en movimiento”. Este será el primer tiempo del ejercicio: echar al caballo sobre las piernas. Esta forma de afrontar la media vuelta, asegura que el caballo se remeta antes de volverse.

Una vez debajo del aparejo no tendrá más remedio que esperar la orden de giro, que será el segundo tiempo del ejercicio. Hay que tener presente que para hacer una parada en movimiento, la orden del jinete para el giro no puede retrasarse. La retención y el giro deben formar parte del ejercicio, aunque bien diferenciados los tiempos, hay que darle a cada uno su protagonismo, si no es así fácilmente se escapará la grupa. Solo si el caballo joven con las continuas repeticiones, comienza a adelantarse será conveniente tenerlo en la parada alguna fracción de segundo más e incluso dar por terminado el ejercicio en la parada.
Esto es válido también para el caballo adulto que quiere agradar a su jinete adelantándose en el giro. Son correcciones a las que el jinete experto recurrirá frecuentemente, y sin duda captará con prontitud estando siempre en esa actitud de atención que lo llevará a esperar la orden de su jinete. Una vez más se cumplirá aquello que ya comenté “el jinete debe ser la prolongación del esqueleto del caballo, y este la prolongación de la mente del jinete”. Solo así se fundirán en uno solo, capaz de volverse y revolverse en cualquier sitio en el menor espacio posible. Colocado, erguido su cuello, con orgullo y equilibrio, reunido y atento, características que difícilmente se consiguen en otras disciplinas.

Joaquín Olivera con Centenaria en una vuelta sobre las piernas a la izquierda

Pero este ejercicio tan característico de Doma Vaquera tiene un tercer tiempo, caer o salida. El caballo debe caer con el mismo mecanismo de galope que llevaba, debe continuar galopando a esa misma mano, pero este último tiempo del ejercicio debe ser como en las vueltas completas, un tranco que dé la sensación de amplitud y así debe ser. A diferencia de la pirueta en Doma Clásica, estos ejercicios están basados en la funcionalidad de nuestra doma. Ejercicios que servirán en momentos puntuales para “resolver”: la vaca que se va y hay que cortarla, el becerro que se embroca y hay que quitárselo, etc. ESTE ES EL ESPIRITU DE ESTOS EJERCICIOS, Y ASÍ DEBEMOS MANTENERLO. La prontitud para desplazarse en la salida debe ser producto de la sesión de la mano del jinete a la que el caballo responderá alargando ligeramente el cuello.

El remetimiento del primer tiempo, debe ser controlado por el jinete, hay que obligar al caballo a que coloque los pies debajo pero sin deslizamientos excesivos. Si esto sucede el caballo tendrá que rectificar por falta de estabilidad, haciendo que el conjunto del ejercicio no sea limpio y suelto como deseamos, no es un parón antes de volverse, es tan solo “una parada en movimiento”.

Ya dijimos que la rectitud es uno de los conceptos que en doma tiene mayor importancia. Para controlar la grupa, muchos abusan de la pierna externa. El caballo se atraviesa, pone su grupa delante de las espaldas en la retención así difícilmente el caballo tendrá agilidad para el giro, tendrá que apoyarse en un tranco intermedio, haciendo que el ejercicio carezca de todo valor. El giro debe ser limpio, natural y sin expresiones a la galería. Sus anteriores recogidos y bajos serán la señal de que el caballo tiene la grupa comprometida y los pies flexionados. Una ligera espalda adentro en la retención facilitará el giro a la vez que prepara el pie interno debajo de la masa.

A galope reunido en ocasiones, a un galope más abierto en otras, serán formas de mostrarlo ante un público. Variedad esta que el jinete debe dejar a su inspiración, para montar en la pista con total libertad, haciendo gala de un matrimonio fiel con su compañero y esperando con paciencia que algunos jueces lo sepan valorar.

José Manuel Alanís en una extraordinaria vuelta a la derecha. Obsérvese la armonía del conjunto

Las vueltas sobre las piernas

Nada mejor para las prácticas de las vueltas que un galope reunido. El caballo en este ejercicio carga casi todo su peso en los posteriores, aligerando el peso de las espaldas y como consecuencia el contacto se vuelve mucho más ligero. Pero esto lleva mucho tiempo para conseguirse en un caballo joven. Por lo tanto, hay que empezar a ejercitarla desde otro aire para el entendimiento correcto de las ayudas. Si la media vuelta desde el trote era aconsejable, la vuelta completa desde el paso podría ser un método primario para utilizar. El jinete y caballo que ya manejan con soltura la media pirueta directa al paso y sobre todo, y muy importante el caballo que está ágil en la salida al galope desde el paso, pueden comenzar esta salida al galope desde la posición de pirueta directa al paso. Estos comienzos serán hacia delante y al interior. El caballo que iguala los pies en el transcurso de la pirueta al paso es ahora en esta salida al galope donde lo traerá debajo dando un tranco de galope que el jinete irá aumentando quedando siempre el caballo en posición de pirueta directa. Cuando el jinete aumente a varios trancos en pirueta directa, se dará por satisfecho. Esto llevará su tiempo. Será conveniente desvincular los trabajos rutinarios de pirueta directa porque hay caballos que aprenden a dar ese tranco de galope en la ejecución de la pirueta al paso. Esta enseñanza se practicará en sitios distintos donde habitualmente se pide la pirueta al paso.

Ahora no importa que sea grande el tranco primero, lo importante es que el caballo aprenda a introducirse en el ejercicio. Una vez conseguido esto, se podrá ir practicando desde el galope reunido y finalmente cuando el caballo adquiera destreza desde la frenada en las piernas que sería lo más vaquero.

El caballo galopando en línea recta se le retiene en las piernas y resuelve en tres o cuatro trancos saliendo con amplitud en la misma dirección que llevaba. Pero en muchas ocasiones la vuelta sobre las piernas ha sido presentada en los concursos con trucos y adornos y no como un ejercicio singular, natural y auténtico. La vuelta desde el círculo grupa adentro terminándolo en un torbellino de vueltas, ha sido lo más perjudicial de todos los repertorios. Casi siempre la grupa avanzaba más que las espaldas haciendo círculos grupa adentro de ocho o diez metros y esto está muy lejos de lo que aquí se describe.

Otras veces con mucha astucia, se enseña al final de todos los trabajos, partiendo desde el paso, como cogiendo al caballo por sorpresa: varias vueltas y final de actuación. Esto evita la alteración del caballo si se hiciera en otro momento de la reprise.

Hay otras vueltas repetidas muy aplaudidas, donde el caballo no está en las piernas como debiera. Cuando el caballo pone sus manos en el suelo por delante de la vertical, es señal de que se ha hundido la cruz y esto está lejos del caballo en las piernas.

La cabeza del caballo por encima de la mano excesivamente no es señal de flexibilidad, ni en la mandíbula ni en la nuca. El caballo que pone su cabeza al lado contrario del movimiento también comete una falta, igualmente el que con movimientos regulares oscila su cuello de arriba abajo a cada tranco de la vuelta.

Una vuelta sobre las piernas acompasada y salida en la misma dirección entraña más dificultad que varias vueltas repetidas. Estas si se hacen como adornos a una actuación, está bien. El contracambio dentro de la vuelta también tiene su toque de obediencia a las órdenes del jinete, y demuestra además la destreza de jinete y caballo.

Como en la media vuelta, todo esto forma parte de la puesta en escena del ejercicio, de la inspiración del jinete y de la habilidad del caballo, de cualquier forma digna de valoración. La salida a la misma mano a la que se gira siempre será el distintivo de que la vuelta es controlada por el jinete en todo momento.

Pero no lo olvidemos: galope firme derecho, echar al caballo sobre las piernas y giro sobre el pie interno describiendo una vuelta de 360º dará siempre autenticidad al ejercicio. Espero haber aclarado dudas en estos ejercicios tan característicos.

Texto y Fotos: Joaquín Olivera Peña In Memoriam

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