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Doma y Equitación

La pista dinámica

La pista dinámica

Trabajar la mente del caballo para fortalecer su cuerpo

martes 24 de julio de 2018, 10:23h
Pocos tienen a mano el entorno adecuado para la educación autodidacta, pero al examinar la biomecánica equina durante los exigentes movimientos de la doma, se puede diseñar una serie de obstáculos, escogidos por su eficacia para fortalecer los músculos requeridos en la coordinación adecuada y facilitar estos movimientos en un espacio más reducido. Leer más…

El cuerpo del equino está adaptado para mantenerse en buena forma, sin esfuerzo aparente en el entorno natural, como en la sierra donde vive mi manada de Pottokas. Allí se fomentan las capacidades que se combinan en un atleta sostenible: la propiocepción, por las superficies y ángulos variados donde el caballo pisa desde su nacimiento, lo que también da elasticidad y fuerza a los tendones y ligamentos; los estiramientos, que dan soltura a los músculos y a las articulaciones, al revolcarse y al quitarse las moscas; la fuerza muscular, por las subidas inclinadas; la flexibilidad, para sortear la mata y las piedras; el control del equilibrio, por las bajadas; y la coordinación, la sabiduría corporal que les permite ejecutar, con suma facilidad, los movimientos gimnásticos a alta velocidad cuando les toca, sin lesionarse.

Quizás el más importante de estos elementos es la motivación, dada por su evolución. El caballo quiere mantenerse atlético, ya que los torpes no escapan de los depredadores.
Montado en estos entornos, el caballo descubre por sí mismo cómo ajustarse al peso del jinete, preparándose para la doma avanzada –y lo hace con ganas, ya que no ve las exigencias como impuestas por nuestra mano, sino como retos que ocurren naturalmente durante el desplazamiento normal-. Es decir, conforme a la tendencia humana tan común que se complica la vida intentando hacer atletas felices a animales que viven en espacios pequeños y hacen su ejercicio en sitios planos, uniformes y aburridos. Tampoco es fácil para el jinete reconocer las sensaciones del cambio del equilibrio, la verdadera impulsión, o la reunión, ni cómo su propio cuerpo le puede animar cuando nunca las ha experimentado sin obligarlas. Es un camino tramposo, como sabemos.

Saltando, el caballo tiene que empujar fuerte con los cuartos traseros mientras usa los abdominales para redondear el dorso, estirando el cuello

La pista dinámica

Pocos tienen a mano el entorno adecuado para la educación autodidacta, pero al examinar la biomecánica equina durante los exigentes movimientos de la doma, se puede diseñar una serie de obstáculos, escogidos por su eficacia para fortalecer los músculos requeridos en la coordinación adecuada y facilitar estos movimientos en un espacio más reducido: una “pista dinámica” donde el caballo se fortalece con ganas, encontrando por sí mismo la manera más eficiente de sortear los obstáculos. Así, hay puntos donde se reúne naturalmente cuando tenga la fuerza, no por la exigencia del jinete sino por la necesidad de prepararse, y cuantas más veces lo hace por su propia voluntad, más fácil es pedírselo en la pista. Por su parte, el jinete descubre la importancia de su equilibrio exacto ayudando al caballo, de su soltura corporal y de dejar la boca en paz para que el caballo pueda ajustar la posición de su cabeza de la manera más eficiente.

Bajando la cabeza estira, abre y suelta la articulación cervico-torácica, lo que ayuda a los dorsales a levantar la cruz. Este ejercicio es particularmente indicado para el caballo mal musculado por ir habitualmente invertido

El curso

Estaba encantada de recibir noticias de Johanna Batista, instructora de Doma Clásica, que había construido una pista dinámica según mis sugerencias y estaba tan impresionada por los efectos sobre sus caballos y sus alumnos que quería compartir sus hallazgos con otros. Así impartí el primer clínic sobre el tema, en Aznalcázar (Sevilla). Vinieron asistentes de todo tipo: de Doma Clásica, de Doma Vaquera, competidores, domadores, profesores y aficionados con caballos que no andaban bien o que querían saber cómo mejorar su caballo sin trabajar en la pista.


(En el sentido de las agujas del reloj) Este español, habitualmente invertido, no sabía usar el dorso, incluso en las subidas fuertes estiraba los lumbares para avanzar el pie, mientras empleaba el dorso para levantar la cruz. Aplica este descubrimiento al pasar el palo, lo que hace ahora con confianza, porque está convencido de que su nueva posición es más cómoda y válida que la anterior


Empezamos por hacer hincapié sobre la necesidad de trabajar los músculos estirados y sin tensión antes de subir el tono con más actividad: la mayoría del trabajo se hizo al paso para dejar a los caballos la oportunidad de aprender qué hacer. También toca aprender cómo se mueve un caballo, para apreciar qué ejercicios son los indicados según la musculatura y el modo de andar que ya tiene el caballo.

La pista

La pista ocupa la esquina de un olivar un poco inclinado. Hay un espacio donde se puede dar cuerda, un ejercicio muy beneficioso, más que dar cuerda en llano, ya que el caballo tiene que aprender cómo empujar más cuesta arriba y frenarse en la bajada para mantener su ritmo. Montado, el caballo debe aprender lo mismo sin la dependencia de la mano del jinete para mantener su equilibrio, lo que le cuesta a un caballo con más peso en los anteriores. El jinete tiene que aprender cómo usar su equilibrio, no la mano, para ayudar al caballo a empezar. Con repetición el caballo aprende y se fortalece para echar más peso en los posteriores sin la necesidad de tanta ayuda.

Pero tuvimos varios caballos que iban muy invertidos por hábito de años y, como es normal con estos, se excitaron tanto que fue mejor llevarlos del ramal para calmarles, para que el jinete no usara las riendas para mantener el control.

La parte de la pista más indicada para ellos, para empezar, fue una serie de grandes troncos, lo que les causó mucha preocupación y tropiezos durante varias repeticiones, hasta darse cuenta de que al bajar la cabeza podían ver los troncos y ver dónde pisar. Al encontrarse más cómodo así, el caballo invertido empieza de cambiar sus hábitos y musculatura por convencimiento propio. De hecho, el segundo día estos caballos iban mejor y calmados y pudimos cambiar las embocaduras por unas más suaves, lo que ayudó a su reeducación, ya que el miedo del caballo de estirar el cuello cuando lleva un bocado le mantiene invertido.



En este ejercicio el caballo levanta mucho el pie, trabajando bien los abdominales, lo que hace estirar su tronco y redondea el dorso para que los músculos dorsales levanten la cruz. También trabaja los psoas, los músculos que adelantan y flexionan el fémur, y al final son los responsables de la bajada de la grupa en la reunión.

Con su aprendizaje en mente, los caballos estaban preparados para pasar una barra sencilla de 40 centímetros de altura a paso con calma en vez de lanzarse precipitados. Estaba construida con una inclinación ligera, para introducir el tema del control del equilibrio.

La marcha atrás en una subida fortalece en particular el psoas, el músculo que baja la grupa en la reunión

Otra prueba de control del equilibrio se daba en una serie de ondulaciones lisas, midiendo unos 50 centímetros de la cresta a la depresión, con un par de metros entre las crestas. Cuando un caballo puede trotar esta serie sin perder ritmo, con la rienda siempre suelta, el binomio entre el humano y el caballo ha aprendido un control del equilibrio impresionante.

Un regalo en esta pista dinámica es un pequeño arroyo, de profundidad de un metro y medio, con inclinaciones bastante severas que requieren cambios de equilibrio rápidos. Se ha dado cuerda regularmente en esto, con la persona en la depresión del arroyo y el caballo bajando la orilla, subiendo al otro lado, dando dos pasos planos antes de bajar y subir de nuevo. Así se ha marcado un círculo claro que los caballos montados seguían sin necesidad de guiarles, ya que salir significó perderse en una floresta de hinojo alto. No sé si este ejercicio costó más a los caballos o a los jinetes. Es imprescindible hacer las subidas en suspensión para liberar el dorso del caballo; igualmente, en la bajada hay que liberarlo adelantando los pies del jinete hasta que están por debajo del cuerpo y apoyar el peso en ellos y las rodillas, no en el asiento. Así el caballo puede adelantar las extremidades y mantener su equilibrio, pues la importancia del ejercicio es hacerlo al paso. A algunos caballos les falta la fuerza de subir al paso, se lanzan arriba y este cambio tan brusco después de la bajada puede dejar al jinete caído hacia atrás si no se agarra a la crin bien adelante. En conclusión, ambos, caballo y jinete, iban aprendiendo cómo usar sus cuerpos de manera más atlética, calculada y por lo tanto armoniosa.

La relajación del caballo en su primera monta es fundamental para el desarrollo adecuado de su musculatura, ya que el caballo rápidamente forma el mal hábito de andar con el dorso tenso si no prestamos atención a la aceptación total de nuestro peso

La ligereza del tren anterior se da no solamente por el dorso fuerte y arqueado conjuntamente a la base del cuello sino también por una cadena de músculos que baja de la cruz hasta los pectorales, la que soporta el tórax como si fuera una hamaca (el “corsé suspensorio”).

El trabajo con la cabeza abajo fortalece esta cadena, pero es difícil convencer a muchos caballos de trabajar así, porque los músculos que envuelven la articulación entre la última vértebra cervical y la primera torácica están demasiado rígidos. Un ejercicio que suelta esta articulación es la de saltar arriba de una plataforma de un metro, ya que cuando el caballo ha llegado con las manos y está tirando sus pies hacia adelante, baja mucho la cabeza y sube la cruz. Johanna ha construido una plataforma de inclinación, de forma que el lado abajo es de un metro, pero a los lados presentan alturas distintas para el caballo principiante.

Podía seguir con más ideas de cómo construir y usar una pista dinámica, y de hecho quiero continuar con una serie de clínics de este estilo llegando cada vez a más nivel. Pero quiero concluir con lo que más impresionó a todos: ¡qué bien lo pasaron los caballos! Se podía ver, después de un par de intentos fracasados a un nuevo problema, pararse a pensar, a experimentar, a concluir, a perfeccionar y a tener gran placer de su sabiduría al solucionarlo. Es así, fomentando su mente igual que su cuerpo, hace de un caballo un atleta feliz.

Texto y Fotos: Lucy Rees


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