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Problemas en la boca del caballo

Problemas en la boca del caballo

Sialolitos: piedras en las glándulas salivares

martes 03 de abril de 2018, 10:19h
Los problemas de boca son cada vez más conocidos. Son frecuentes las puntas de esmalte en premolares y molares, los dientes de lobo y dientes de leche retenidos. Pero estos no son los únicos problemas, los caballos también pueden padecer de caries dental, enfermedad periodontal, diastema y piedras en las glándulas salivares y sus conductos, de esto último trataremos en este artículo. Leer más…

Las piedras en las glándulas salivares (sialolitos) se encuentran en diversas especies, incluido el hombre. En los caballos están descritos en animales que viven en zonas desérticas, pero no son los únicos que pueden tenerlas. A diferencia de los humanos en los que las piedras se localizan en las glándulas salivares, en los caballos estas piedras se localizan en los conductos que llevan la saliva a la boca, principalmente en el conducto de la glándula parótida.


Localización frecuente de los sialolitos

Origen

La causa de la formación de las piedras en las glándulas salivares es desconocida. Se sabe que para la formación de estas es necesaria la presencia de un “nido orgánico”, que suelen ser restos de comida que entran en el conducto o células que se desprenden por algún proceso inflamatorio-infeccioso. Este nido hace que se acumulen de forma concéntrica capas de cálcico (principalmente en forma de carbonato), estas van aumentando con el tiempo y pueden llegar a obstruir el conducto. Los sialolitos pueden ser de diferente tamaño, que va desde pequeños como monedas de céntimos hasta los más grandes de casi 10 centímetros. La forma puede variar desde lisos como piedras de rio o con pequeñas espículas y la coloración va desde: blanco, amarillento o gris. Lo más frecuente es encontrarlos en un lado de la cabeza, pero también se pueden encontrar de los dos lados y varios pequeños en uno de los lados.

Problemas que pueden producir los sialolitos

El dueño del caballo suele detectar el problema cuando empieza a crecer, apreciando un “bulto” en uno o ambos lados de la cara, que suele ser movible y no doloroso. Está asociado a infecciones secundarias, que pueden producir: secreción de pus, ligera ictericia, fiebre, dificultad para masticar, pérdida del apetito y molestias para una buena colocación de cabeza. Estos se deben a que producen obstrucción desde ligera a completa. Recordemos que un caballo de 500kg puede producir entre 12 a 45 litros de saliva al día, dependiendo del tipo de forraje que come. Con lo que una pequeña obstrucción produce que parte de esta saliva no salga lo que favorece las infecciones del conducto y si no son tratadas de la glándula.

Tamaño de un sialolito

Diagnóstico

El diagnóstico de esta enfermedad es por medio de estudios radiográficos. En estos se aprecia una masa de contenido mineral, cerca del final del conducto de la glándula parótida. Recordando que no es la única causa de “bultos” que podemos observar en la cara del caballo. En ocasiones, es necesario realizar un estudio ecográfico para valorar el conducto y la glándula, sobre todo en los que se sospecha de infección secundaria.

Tratamiento

El tratamiento de elección es la cirugía. Esta se puede realizar con sedación y el animal en pie o mediante anestesia general. Dependerá de la localización del sialolito, si está cerca del final del conducto, al principio o dentro de la glándula. Del tamaño del animal, tamaño de la piedra y la presencia o no de infección. Cuando la piedra se localiza dentro de la glándula parótida y no es muy grande se puede optar por su disolución mediante procedimientos mecánicos externos, aunque hay pocos casos descritos. La mayoría de los animales tratados suelen responder bastante bien a la cirugía con pocas complicaciones.

Conclusión

Las piedras en los conductos parotídeos suele ser una enfermedad poco frecuente. Conocer su existencia ayuda a diagnosticar un número mayor de animales. Suele presentarse de una forma crónica, está asociada con diversos problemas como: infección, pérdida del apetito y mala colocación de la cabeza como principales. El diagnóstico es siempre mediante radiografías. El tratamiento de elección es la cirugía, con diferentes técnicas dependiendo de la localización de la piedra. El pronóstico suele ser bueno con pocas complicaciones en los animales tratados.

Texto y Fotos: José Aldebarán - Veterinario

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